Nuestro próximo desafío económico

Antes de nada aclarar que este artículo empezó a escribirse a primeros de abril y con absoluta independencia y sin presión alguna, tanto política como ideológica, de foros o grupos de especializados en economía, cuando se conoció la caída del 5,2% del PIB español en el primer trimestre, que no debe extrañarnos por las circunstancias, igual que el 4,2 de Alemania, el 5,8 de Francia y el 5 de Italia, y las previsiones de caída en un futuro próximo. No sabríamos explicar esas diferencias, principalmente la francesa, mayores por cierto de lo que cabría esperar. Seguramente ya habrá quien las esté analizando. En el caso español fueron aproximadamente 19 días de paralización económica, en el resto suponemos que algo parecido, más leve en el caso alemán e italiano, ya que su confinamiento y la subsiguiente paralización económica no se han hecho con la misma intensidad.

Dejemos de lado la caída del PIB, ya que como ustedes saben o al menos los que han seguido nuestros artículos, creemos que el PIB debería ser abandonado como referente de crecimiento o de la riqueza de una sociedad. No podemos valorar el nivel de riqueza de una sociedad a partir del precio del suelo, de la vivienda o de los carburantes. Evidentemente tampoco si esta sociedad ha construido decenas de aeropuertos o miles de kilómetros de ferrocarril de alta velocidad, si no hay aviones que aterricen en los primeros o pasajeros que viajen en los segundos. Tampoco es muy lógico que el PIB suba gracias a que el ayuntamiento de nuestra ciudad se dedique a talar árboles o cambiarlos por otros que parecen de juguete, o decida sorpresivamente gastar dinero en arreglar unas calles, que solo ha servido para dificultar el comercio. Eso último, que a usted tanto le perjudica, hace que aumente el PIB del país. Y si mañana su casero le dice que no va a renovarle el contrato porque con Airbnb le van a pagar 2.500 € al mes en cambio de los 900 que le paga usted, o nuestro ayuntamiento acepta que lo desahucien para construir un bloque de apartamentos para turistas en el barrio de Collblanc, pues también aumenta ese curioso indice de “crecimiento económico”. Exacto, el aumento del PIB tanto puede significar que usted vive mejor, igual que antes o mucho peor.

La situación en que nos encontramos es nueva, carecemos de referencias a no ser que lo comparemos con una guerra, y obviamente no lo es. Pero la similitud, aun pudiendo ser acertada, no es comparable, ya que para salir de una crisis provocada por una guerra se echa mano del ganador, y en este caso no lo hay. Todas las economías quedarán afectadas, unas directamente y más, mientras que otras quizá menos pero les afectará el reajuste de las primeras.
En principio todo parece indicar que las economías más afectadas serán las más desarrolladas, seguramente porque el parón económico puede ser más intenso por la caída de producción de bienes de consumo, mientras que la economía de las menos desarrolladas es más de supervivencia. En Asia la pandemia ha afectado gravemente la economía, pero al ser mejor su respuesta contra ella no ha causado tanto daño.

El virus se ha mostrado bastante letal en personas con un tipo de enfermedades previas y/o mayores de 70 años, eso conlleva que en sociedades con un bajo nivel sanitario y de esperanza de vida, los efectos hayan sido o serán más leves, principalmente porque es y será más difícil encontrar individuos proclives a ser afectados gravemente por la COVID-19.

Si tomáramos la actual caída del PIB como referencia, nos podemos hacer una idea de la dimensión del problema, un 5,2% de caída trimestral por aproximadamente 19 días de confinamiento nos da una idea de la caída que puede provocar un mes de confinamiento, otro a medias y otro al 30%. Predecir una cifra no es realista porque nadie sabe lo que va a suceder. Podríamos pensar que este año podría terminar con una recesión de entre el 8 y el 10%, el 9,2 según la ministra Calviño; sin embargo, no sabemos cómo reaccionará el consumo, carecemos de los datos imprescindibles para ello; tampoco si habrá o no un rebrote, y si este será más o menos virulento; si la inmunización se mantendrá para las nuevas cepas, a quien atacará, si a los más jóvenes, a los de mediana edad o volverá a cebarse en los mayores de 70. No sabemos si la vacuna llegará a tiempo ni si tendrá efectividad frente posibles mutaciones, tampoco si la medicina, algo muy previsible, dará a corto plazo con un remedio eficaz. Pero lo que nadie puede tener en cuenta es la reacción de las distintas sociedades, si habrá una nueva irrupción de regímenes fascistas en potencias con armamento nuclear, y si esos buscarán culpables externos, que es lo que suele suceder cuando sus recetas económicas fracasan, estallando una nueva conflagración global.

Al contrario de lo que se dice y para desgracia de los países nórdicos que han demonizado al sur más afectado, a la UE no le queda otra que organizar una política de ayudas fuertemente expansiva. Y también al contrario de lo que suele, el gobierno español ha actuado contundentemente y con relativa diligencia y eficacia para amortiguar los primeros embates de la crisis. Algunas empresas podrán disponer de liquidez, no regalada ni suficiente, para soportar el golpe. Y para los trabajadores, aunque también ajustadamente y sin demasiado control, el Estado ha dispuesto una serie de medidas para que puedan seguir cumpliendo con los pagos y cubran las necesidades más importantes. Eso no significa que buena parte de las empresas no cumplan los requisitos para acceder a las ayudas y créditos, aunque los necesiten tanto o más que los equipos de fútbol y las multinacionales amigas del sistema. Además cada sociedad tendrá que adecuar las políticas de recuperación a sus necesidades y características, porque el dinero de la UE, además de ser insuficiente llegará con unos condicionantes que dejarán de lado a una parte de la sociedad.

No es lo mismo aumentar la deuda a partir del actual 95%, como España, que del 135% de Italia; como tampoco Francia que España, aunque el porcentaje sea muy similar. Para cubrir su deuda España necesita financiación externa, mientras que Francia puede autofinanciarse. Y esa diferencia, que no debería afectar en un espacio político y económico común como es Europa, tiene una importancia capital que se traduce en la necesidad o no de mendigar en sociedades hartas de pagar fiestas ajenas o políticas fiscales más del tercer mundo que europeas.

La industria del automóvil es una de las más importantes y exportadoras de España, pero hace ya mucho que necesitaba una reconversión en profundidad para producir baterías y automóviles eléctricos. Las empresas del sector no son oriundas sino productoras de otras marcas europeas. No es el caso de Italia o Francia, que no necesitan de terceros para invertir en sus propias industrias para reconvertirlas. Pero lo más importante y que nadie tiene en cuenta es que de nada sirven esas industrias sin clientes que quieran sus productos, y la crisis provocada por la COVID-19 ha hecho que la gente no sienta ahora mismo la necesidad de comprar automóviles, y no sabemos cuando despertará su apetencia. La industria de automoción española no solo está dedicada al ensamblaje, que es lo que las fábricas españolas de las grandes marcas hacen, sino en la fabricación de componentes. Por ejemplo, al comprar un Porche usted está comprando un vehículo alemán, seguramente el mejor con todo lo que eso representa. Pero si usted lo desmenuza se llevaría una sorpresa, ya que muchísimos de sus componentes, más de los que puede imaginar, están fabricados en España.
Afortunadamente en España la industria y la producción de bienes está muy diversificada. Sorprendería a nuestros lectores conocer la cantidad de productos que España produce y vende al extranjero, pero también la dependencia tecnológica y de patentes de nuestros productores, así como el poco valor añadido de sus productos. Plásticos, productos químicos, petroquímicos y farmacéuticos, industria secundaria del automóvil, productos textiles, agrícolas y cárnicos, herramientas y maquinaria industrial, material eléctrico y de construcción, automóvil.

Salvo excepciones, cada vez más abundantes hemos de reconocer, los productos españoles no precisan de mucha tecnología y trabajadores de elevado nivel. Otra industria, la que más entrada de divisas aporta, es el turismo. De hecho el turismo aporta el 14,6% del PIB español, y de este, excepto del interno, poco a poco nos tendremos que ir olvidando. La construcción es la segunda industria en importancia, pero no olvidemos que para el PIB, y sin el resto, es decir con la caída del consumo y de recursos de nuestros socios comerciales, podemos imaginar que las exportaciones caerán de manera significativa.

Del turismo se nutren muchas otras empresas, desde el comercio más básico hasta la industria del mantenimiento industrial más complejo, pasando por el de servicios. Cada visitante aporta miles de euros, no solo a cambio de un hospedaje ajeno o segunda vivienda sino también en alimentación, farmacia, mantenimiento, transporte, ocio, etc. Nadie puede imaginar el capital que entra en el país a través de esos visitantes y los millones de horas de mano de obra y de material que mueven.
Obviamente lo que esa pandemia más ha afectado es el movimiento de las personas, y si hasta el más imprescindible ha sido limitado, no digamos el turismo.

España tiene un gran desafío, retomar la actividad económica pero con la mirada puesta en cambiar su modelo productivo. Ya no puede depender de la industria del automóvil, de los plásticos y la petroquímica y del turismo.

  • La motorización de la industria del automóvil y del transporte en general, va a cambiar radicalmente, el motor eléctrico y todos sus componentes son mucho más sencillos y necesitan muchísimas menos horas de mano de obra. Incluso el servicio de mecánica pos-venta es inferior. Además las fábricas españolas dependen de la decisión de sus matrices europeas y japonesas, que son reacias a entregar las patentes y la tecnología necesaria.
    A partir de ahora las grandes corporaciones automovilísticas dependerán del soporte económico de sus gobiernos. E indudablemente los distintos estados solo invertirán en proyectos de sus países. Es impensable que franceses, japoneses y alemanes subvencionen la producción y desarrollo tecnológico de sus delegaciones o fábricas en el extranjero.
    Como otras tantas, la industria del automóvil podría trasladarse a países emergentes, y no necesariamente asiáticos sino del norte de África o Iberoamérica. Los costes de mano de obra y la elevada especialización conseguida en estos países lo indica así.
  • Con la inevitable irrupción del Green Deal, la industria de la petroquímica y de sus derivados tiene los días contados. No así la industria necesaria para reciclar y reaprovechar la ingente cantidad de residuos que generamos o que el planeta ha almacenado. Esta industria tendrá que ir desapareciendo o transformarse en una muy distinta, más acorde a las necesidades, como es la del reciclado.
    El parón económico, pese ser muy importante, solo ha provocado una caída de aproximadamente el 30% en el consumo de los combustibles fósiles. Indudablemente es mucho, pero no refleja lo que se aprecia, que guste o no también es una realidad.
  • Los primeros años el turismo de larga distancia decrecerá. A causa de las restricciones por la Covid y la desconfianza hacia los países turísticos más afectados por la pandemia, como España o Italia, el ciudadano europeo descubrirá lugares de veraneo en sus propios países y una parte se acostumbrará a ellos. A eso hay que añadir el descontrol, caos y desconcierto informativo por parte del gobierno español, que ha provocado una enorme desconfianza entre las agencias de viajes extranjeras.
    Las nuevas tecnologías en el plano de la energía cambiarán por completo la industria de la movilidad. Con el tiempo los aviones o los artefactos que los suplan abandonarán las actuales fuentes de energía, al menos las de origen fósil, y el precio del transporte bajará. Es indudable que las energías del futuro serán más baratas, ya que no necesitarán ser extraídas, refinadas, transportadas y almacenadas para ser consumidas por motores complejos. La Covid está acelerando un nuevo sistema de trabajo más ágil y elástico, por lo cual la gente ya no tendrá la necesidad de hacer vacaciones durante unos meses concretos.
    Los países con una temperatura constante podrán rentabilizar más y mejor sus infraestructuras turísticas, ya que gozan de clima estable y benigno la mayor parte del año. No así las que mantienen incómodas diferencias de temperatura. Una empresa de alquiler de veleros, de buceo o un hotel en la playa, deben mantener las mismas infraestructuras sin importar los meses en activo. Igual que el gobierno local ha de crear instalaciones e infraestructuras y mantenerlas, aunque solo sea para tres meses. Paralelamente el turismo de temporada crea fragilidad laboral y paro temporal difícil de absorber y de gestionar.
  • El cambio de orden mundial es inevitable. En la segunda mitad del pasado siglo, los EEUU podían resolver, con solo unos ajustes en su moneda o en la emisión de deuda, una crisis mundial, eran el indiscutible motor económico. Actualmente solo pueden aspirar a intentar resolver sus problemas domésticos, a veces con la cooperación de otros estados.
    El actual enfrentamiento de los EEUU con China, podría comprometer gravemente la recuperación de la economía global. Es imprescindible evitar la vuelta a un mundo dividido en dos bloques económicos, que es lo que el imperio norteamericano pretende con su política, el estás conmigo o contra mí, y el imperio europeo tiene la llave, junto a India y Rusia, de romper esa mala costumbre. Hemos de entender que el nuevo imperio chino se rige por otro sistema económico, su sistema empresarial y productivo depende del Estado, por lo cual los mercados financieros y las empresas intermediarias han de adaptarse a él y buscar mecanismos de mediación para que el intercambio tecnológico y de bienes sea fluido.
    No cabe la posibilidad, tal como pretende Occidente, que China se rija por un sistema ultraliberal.
  • Las nuevas monedas de comercio internacional serán virtuales, internacionales (su virtualidad obliga) y transparentes. Será imposible evitar la preponderancia de una de ellas, tampoco se podrá evitar que la emita o cree uno de los imperios económicos, pero su efectividad dependerá de si es transparente y si el resto la puede controlar.A nuestro modo de ver es imprescindible que cada imperio económico emita o cree la suya, primero para que el intercambio financiero y de bienes en su zona de influencia fluya con facilidad. Segundo para evitar en lo posible la preponderancia de las demás y mantener una libre competencia monetaria.
    El gobierno español debería tomar nota de todos esos efectos, y entender que la mal llamada Unión Europea no es más que el antiguo Mercado Común, es decir una asociación de mercaderes. De no ser así, las ayudas a las distintas industrias, compañías aéreas, etc. se distribuirían directamente desde un gobierno europeo, dejando de lado la nacionalidad de sus matrices. Una fábrica de automóviles francesa, con gran parte de su producción repartida por Europa, para el gobierno europeo no debería ser francesa sino europea. A falta de un gobierno europeo, el Estado español ha de promover la creación de su propia industria automovilística, para sacar provecho de la infraestructura industrial, la logística y las capacidades profesionales. Y eso ha de extrapolarse al resto de capacidades industriales, en las que las patentes o matrices son extranjeras.

El Estado español ha de esforzarse en desarrollar y mantener nodos de tecnología para que a su alrededor pueda crecer una nueva industria verde, competitiva y de elevada plusvalía. El abandono de la fábrica y su actividad productiva por parte de Nissan, por poner un ejemplo, no debe verse como una desgracia sino una oportunidad de dar soporte económico y de proyección, para crear una cooperativa entre los trabajadores, con la condición que esos conviertan la fábrica en un centro de tecnología para crear un nuevo vehículo de transporte, sea con el soporte de una marca externa o sin él. El estado español podría garantizar la absorción de dichos vehículos, legislando adecuadamente para convertirlos en una herramienta al servicio de las distintas ciudades. Nuestra ciudad podría facilitar a través de ayudas o medidas legales y urbanísticas, la creación de pequeñas industrias de proximidad que den soporte tecnológico e industrial a la nueva planta industrial y tecnológica salida de la vieja Nissan.

La situación actual del comercio exterior del Reino de España se puede encontrar en: https://www.mincotur.gob.es/es-ES/IndicadoresyEstadisticas/Paginas/Estadisticas.aspx

Este gráfico muestra el destino de las exportaciones españolas durante 1918, que es el más reciente que hemos encontrado, para que ustedes se hagan una idea de la situación.

Extraído de Datosmacro.com

El siguiente gráfico muestra uno de los problemas recurrentes de la economía española, quizá de modo exagerado por el tipo de producto, pero que lo define muy bien.

Desglose de las exportaciones españolas por sectores entre los meses de enero a mayo del 2018.
Origen: S.G. de Estudios y Evaluación de Instrumentos de Política Comercial de la Secretaría de Estado de Comercio del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, a partir de datos del Departamento de Aduanas e II.EE. de la Agencia Tributaria.

Extraído de: http://www.gestoresderiesgo.com

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