Sobre la Economía, 7ª parte (Inflación)

No es la primera vez que abrimos con este tema, días atrás ya hablamos de él, aunque sucintamente y aprovechando nuestro artículo sobre los acuerdos de Bretton Woods. Pero es evidente que merece un mejor y más extenso artículo.

No podemos olvidar que la inflación y las herramientas que la hacen posible o la controlan, están íntimamente relacionadas con la moneda.
Existe la creencia que a más masa monetaria, más inflación. Y podría ser cierto, pero con algunos matices y en una sociedad mal regulada. La economía moderna, basada sobre todo en el cálculo empírico y los reflejos sociales, niega este punto, mientras que el sentido común nos dice el contrario. Una de las explicaciones de algunos economistas es que la banca o el Estado no paran de crear dinero, en forma de deuda crediticia o de manera virtual, pero tan real como la demasiada monetaria, sin que por eso aumente la inflación. El que estos economistas no explican, es que este modelo de creación de dinero está controlado, es decir que tiene un límite, muchas veces impuesto por el mismo regulador, para evitar un exceso de inflación, sea en forma de depósitos monetarios -algo que ya limita el efecto de la emisión- como el límite antes descrito, el control de la deuda, la venta de bonos, etc. Y también y el más importante, que esta emisión se crea para dar satisfacción a una demanda, es decir, que va en relación a un inmediato aumento de consumo y de producto.
Otra de las explicaciones que ofrecen algunos economistas, es que la población ignora la cantidad de masa monetaria que puede haber en circulación y eso hace que no pueda perder su valor. Y es cierto en tanto a esta ignorancia, que solamente beneficia al enterado que comercia con el producto, -dinero en este caso- aprovechándose de la información.
Aun siendo un producto, el dinero no podemos compararlo con otros, que durante un corto espacio de tiempo podemos esconder su cantidad. El dinero corre y crea demanda de manera inmediata, y si no encuentra el producto para ser consumido, sólo tiene una salida, perder parte de su valor por inmovilismo o por el aumento de precio del producto que se pretende adquirir. De forma que otra vez estamos enfrente del primer caso: la masa monetaria aumenta en proporción a su necesidad natural, pero si lo hace artificialmente, se dispara la inflación.
Existen maneras de aumentar la masa monetaria, aunque sea temporalmente y fuera de los estrictos caminos del Estado, sin que por eso aumente la inflación sino la riqueza del país. Para conseguirlo se necesita seguridad, es decir que si el productor, comerciante y banquero, se sienten seguros, fían a quien no dispone de líquido, pero necesita y puede consumir. Así la masa monetaria aumenta exponencialmente, aunque sea de manera virtual, creando más velocidad al movimiento del dinero.
Para poner un ejemplo, si el comerciante detecta seguridad en su clientela, será capaz de fiarle o venderle a plazo, pedirá más material al productor, y la banca, al ver la posibilidad de negocio seguro, buscará la manera de agilizar el crédito al consumidor, al comerciante y al productor, creando con esto más masa monetaria y más velocidad al proceso. El Estado sólo tiene que controlar el sistema, regulándolo con el suficiente tacto porque el mercado se sienta libre y, a la vez, seguro.
Debemos reconocer que no para todo el mundo este es el mejor de los sistemas, aunque si para algunos de nosotros.

Entonces, ¿podemos atribuir la inflación al aumento de la masa monetaria?
En principio no, siempre que se mantenga bajo control. Esto podemos comprobarlo con un ejemplo muy característico, el precio del crudo, que depende directamente de la cantidad que se extrae, se almacena y se pone a la venta. Todavía más si analizamos los productos dependientes del mismo: la gasolina, el gasóleo, el asfalto, los plásticos, etc. Si por alguna razón el consumidor se decidiera mayoritariamente por el automóvil a gasolina, sobraría gasóleo y el productor se vería en la necesidad de bajarlo de precio, tal como sucede durante el verano, cuando las calefacciones se apagan. Si los estados decidieran construir sus carreteras con cemento en cambio de con asfalto, las refinerías se verían en la necesidad de eliminarlo, puesto que es un residuo, y con un coste gigantesco, o encontrarle otra salida comercial además de bajar su precio. Si decidiéramos eliminar todas las botellas y bolsas de plástico, y los tejidos artificiales, las grandes refinerías tendrían un grave problema, tanto económico como de gestión de residuos. Tendrían que subir el precio del resto de productos o encontrar una salida a estas materias.

Por lo tanto podemos asegurar que hay muchos más agentes que pueden provocar inflación con más determinismo, que la sola emisión de moneda, siempre que su emisor no pierda el sentido de la realidad: el coste del dinero y la velocidad con que se mueve, la cantidad de producto a la venta y la plusvalía del comerciante. Y para controlarla nada mejor que procurar la competitividad real en todos los agentes implicados: la banca, los productores y los comerciantes.

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